
El periodismo y la política, ejercidos éticamente y con dimensión de profundidad, están llamados a desempeñar un papel decisivo para impedir la desinstitucionalización de nuestra democracia.
Iniciemos con las precisiones conceptuales. Si entendemos que el periodismo es la vocación y actividad que se ocupa sistemáticamente de desarrollar la labor informativa desempeñada por comunicadores, escritores y publicistas a través de los diferentes medios de comunicación; y que la política como arte, es el de gobernar; y como ciencia es la disciplina social que se ocupa del estudio sistemático del Estado; de la legitimidad; de la estructura del poder; de la gobernabilidad; de la composición de las clases y estratos sociales; de la organización de los partidos y movimientos sociales; de los procesos electorales; del funcionamiento de los grupos de presión; del proceso de la toma de las decisiones y de la problemática del liderazgo, en espacios y tiempos determinados, son entendibles las magníficas relaciones del periodismo, la política y la democracia que, al decir de Lincoln, debe ser el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo.
Continuemos recordando que, preservando la calidad de sus 34 convocatorias, nos reunimos en el Auditorio principal de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, para la celebración de los premios periodísticos auspiciados por el Grupo Bolívar, el pasado 20 de octubre. Después de las intervenciones de Alejandro Cortés, del invitado especial maestro mexicano Gonzalo Celorio, y de Margarita Vidal, se procedió a la entrega de los premios y culminamos con la incisiva y muy bien leída intervención de Darío Restrepo, quien celebró su designación por su Vida y Obra de trabajo periodístico.
El evento fue una de las mejores celebraciones que fusionó dos vocaciones, que han encontrado su más alta expresión en la democracia. Gonzalo Celorio, por su parte, trajo a cuento las palabras del presidente de Seguros Bolívar, José Alejandro Cortés, quien desde que se estatuyó este Premio, calificó el periodismo “con seis adjetivos que, bien mirados, acaban por ser sustantivos: un periodismo independiente, justo, exacto, honesto, responsable y digno”. Y agregó: “Como condición axiomática de estos atributos de la prensa escrita y de los medios de comunicación en general, y aún por encima de ellos, hay que hablar, obviamente, de la libertad de expresión, que debe valorarse hoy más que nunca cuando regímenes autoritarios de varios países latino- americanos, con la argumentación de la estabilidad política, atentan abiertamente contra ella”.
Con la participación de Darío Restrepo, los tiempos que transcurren en Colombia, y las manifestaciones explícitas de quienes estábamos, recordé ciertos ambientes que vivimos los demócratas entre 1957 y 58, cuando nos preparábamos para retomar los hilos y prácticas de la democracia, dirigidos magistralmente por el periodista y político Alberto Lleras.
Si analizamos su intervención, haciendo referencia a la importancia del oficio del reportero, fueron sintomáticos los aplausos espontáneos y abiertos que lo interrumpieron, cuando sostuvo: “La verdadera amenaza, en cualquier parte del mundo, está en el reciclamiento periódico de las autocracias, legales o ilegales, y en la simultánea desaparición del reportero con capacidad de asombro y duda beligerante. Desde Moscú hasta Buenos Aires, desde Teherán hasta Caracas, pasando por Bogotá y Quito, los gobernantes con vocación mesiánica siempre tratarán de acorralar al reportero curioso”.
Aterrizando su reflexión sobre el momento actual de Colombia, afirmó: “La dislocación institucional que avanza a pasos agigantados, requiere reporteros que lean y conozcan la historia nacional. La corrupción y la politiquería que nos ahoga, y que ahora vuelve a ser campaña electoral sabatina, clama al cielo por reporteros audaces y enterados.
A esta orfandad de organismos de control independientes, tiene que responder el reportero sagaz con sus gargantas profundas. Este vacío de control político, con un Congreso cooptado por la prendería de los contratos y subsidios, requiere con urgencia una masa de reporteros que escarbe y escudriñe sin misericordia. Reporteros cuya única certeza sea dudar, dudar y dudar, sin encrucijadas en el alma”.
Y para terminar, leamos cuidadosamente: “Necesitamos muchos reporteros de esas dimensiones para que anuncien y contextualicen la noticia, desde ahora y hasta el día en que ya sometido el Estado de Derecho, nazca el Estado de Indignación como fase superior del Estado de Opinión”. Como premio a su disertación, el grupo selecto de periodistas de las distintas regiones de Colombia y de los mas diversos medios, lo aplaudimos de pie.
Así que ante las desesperanzas de amplios grupos de nuestra juventud universitaria, de sectores populares y de representantes significativos de la intelligentsia nacional, frente a las implicaciones que, tendría una segunda reelección, no todo está perdido. Me acompaña la esperanza que un gran número de ciudadanos -bien organizados y dirigidos- tenemos posibilidades serias de retomar los cauces institucionales trazados en 1991.
Concluyamos: cuán grato haber asistido a una sesión donde el periodismo y la política se unieron para fortalecer nuestra cultura democrática. Los demócratas colombianos estamos invitados a pensar, organizarnos y actuar en consecuencia. ¿Estaremos errados en la reflexión?
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